jueves, 26 de junio de 2014

Euforias futboleras


Este mundial definitivamente ha sido uno de los mejores y más polémicos que recuerde. Y no me refiero a el desempeño de la selección mexicana, sino a todo el contexto en el que está envuelto el propio campeonato.

Pero vayamos por partes. Este deporte se trata de goles, de muchos goles y en esta edición del mundial, hasta ahora han sido pocos los partidos que queden en ceros. Ver a los mejores jugadores del mundo hacer su magia es lo que le da sabor a esta fiesta pambolera, estamos lejos de ver partidos mediocres que nos quiten 90 minutos de nuestra vida.

Y sí, ¡qué emoción que México paso a octavos! Desde la época de Mejía Barón no había visto a una selección mexicana haciendo un papel tan memorable. Pero lejos del patriotismo despertado por un mundial hay que ver que las demás selecciones juegan un papel importante, que tienen la capacidad para sorprendernos. Ya ven España, Italia o Portugal. Muchos esperaban verlos avanzar cuando han sido las selecciones latinoamericanas  las que han pasado a la siguiente ronda. Duele ver partir con semejantes derrotas a España pero emociona ver como Uruguay con todo y su protagonista con instintos canibales venció a una potencia europea.

Y junto con cada selección viene una afición. Unas más coloridas que otras, claro. Es por medio de la afición donde podemos conocer parte de la cultura de cada país. Entre su conducta, porras y atuendos dejan ver su personalidad como nación.

Algunas aficiones hacen referencia a sus orgullos nacionales, como los argentinos al Papá Francisco, los ingleses a los caballeros de la mesa redonda y la afición ghanés con sus canticos milenarios inundando el estadio.

Podríamos seguir enumerándolas a todas. Pero hay tres aficiones que hasta el momento han mostrado algo más que coloridos disfraces.

La afición nipona. Sabemos cómo son los japoneses pero su actitud al final de cada partido, en la que recogían la basura  dio una gran lección a todos, de verdad a todos. La cuestión es ¿Cuántos seguiremos su ejemplo y  ser ordenados, limpios y respetuosos durante un evento deportivo?

Otro ejemplo: Argelia. Díganme ustedes, ¿a cuántas mujeres argelinas ven disfrutando de un partido de futbol en las tribunas? Estamos en pleno siglo XXI, la selección de Argelia codeándose con las grandes potencias futboleras y sus mujeres no tienen derecho a disfrutar del futbol, vamos ni siquiera tienen derecho a entrar a un estadio.

Y la afición mexicana; bastante gastado y manoseado está el tema de la palabra puto, que ahondar en el sería darle más importancia que a la misma selección mexicana y su director técnico. Y por sí no fuera poco, nos ubican como el país de donde es originario el hombre que saltó al mar desde un crucero. Es estos momentos a nadie le importan los sombreros enormes ni los chiles colgando de un zarape o las mascaras de luchadores, somos el país que ha exportado una palabra al mundo de las porras futboleras.

Tomando de referencia a las demás aficiones, me pregunto: ¿es válido que la afición de un país tenga más protagonismo que su selección? Y sí es así ¿Cómo queremos que nos perciba el mundo?
 

Hay un factor importante a considerar, ¿la afición mexicana hubiera tenido la misma euforia si México hubiera tenido una actuación pésima en la primera ronda? Probablemente no. Estaríamos recitando nuestro más florido y fino lenguaje en contra de los jugadores y estaríamos pidiendo la renuncia de Miguel Herrera, sus gestos hubieran perdido toda gracia y lo tacharíamos de ridículo.

La realidad es que la selección mexicana ha sorprendido hasta a quienes no les gusta el futbol aumentando la famosa pasión futbolera.

Estoy de acuerdo que los mexicanos somos ingeniosos y creativos,  pero a final de cuentas hay muchísimas cosas que solo nosotros entendemos. Es difícil que el resto del mundo comprenda nuestro doble sentido, nuestro sarcasmo y nuestro humor negro . Y aceptémoslo, es parte de la idiosincrasia mexicana actuar de forma irracional en nombre del desmadre y el retar a cualquier autoridad que nos limite en algo haciendo precisamente lo prohibido con más ahínco, además de paralizar las actividades laborales cada vez que juega México, es que es más importante un juego de la selección que el trabajo, claro.

Estamos dando una imagen en conjunto de cómo es nuestra sociedad mexicana y todo el mundo nos observa, sí todos. Entre ellos por ejemplo, esos que deciden si invierten en nuestro país.  Pero en medio de la pasión por su selección y al grito de “alcoooohooool, alcohol, alcohol” ¿a los mexicanos nos importa eso? Creo que no. Y que pena.

Por: Ruth Villela
Twitter: @selhaah


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